IGLESIA PROTESTANTE CONFESIONAL
IGLESIA lUTERANA CONFESIONAL DE COLOMBIA  
 
  Declaracion 2010 17-10-2017 13:00 (UTC)
   
 

En vista de la actual oposición violenta del adversario de Dios y del hombre, y la evidente confusión y grave alejamiento de la Verdad Bíblica en la Iglesia profesante, creemos nuestro deber hacer una solemne afirmación de la doctrina que procuramos firmemente creer y enérgicamente mantener. Se sobrentiende que esta afirmación no cubre todos los dogmas de la fe una vez entregada a nosotros, sino que aquí se hace declaración y se hace hincapié, a la doctrina que se está siendo especialmente atacada en el presente. Consciente, como ciertamente lo somos, de nuestra propia gran debilidad, y dependiendo como siempre del apoyo y la fuerza de nuestro fiel Dios, unidos hacemos un testimonio solemne y público de la verdad de vital importancia, mientras que al mismo tiempo, rechazamos con firmeza los errores y las novedades que son contrarias a ellas. Hacemos un llamamiento a todos los que aman la Verdad a sumarse a nosotros para hacer esta formal afirmación formal de Fe, y rogamos a Dios que la utilice para el derrocamiento de la falsa doctrina y práctica.

“Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”.

Isaías 59:19

 

1. La Infalibilidad de la Escritura

Afirmamos que Dios ha revelado sobrenaturalmente al hombre una verdad objetiva. La revelación general viene a través del universo que Dios ha hecho 1 y por medio de la naturaleza del hombre, creado a imagen de Dios. 2 Pero la revelación especial ha sido dada en una variedad de maneras (por ángeles, sueños, voces, etc.), culminando en la revelación de Dios en Cristo, la cual es perfecta y completa. 3 Esta revelación ha sido asegurada de forma permanente en el registro de las Escrituras por el proceso de inspiración, por el cual Dios “sopló”, o hizo proceder de Él, los escritos que ahora forman el Santo Biblia. 4 El producto resultante fue la infalible Palabra de Dios, sin mezcla alguna de error ni en doctrina ni en hechos. 5 Los 66 libros de la Biblia fueron reconocidos por el pueblo del Señor como inspirados y, por el propio testimonio de estos libros, se convirtieron en la regla divina por la cual todas las creencias y prácticas habían de ser probadas y juzgadas. 6 Dios, por Su singular cuidado y providencia, ha preservado su Palabra escrita. 7 Los Textos auténticos y preservados son el Hebreo Masorético y el Texto Griego Recibido, y estos son los Textos que están a la base de la Versión Autorizada, que es, con mucho, la mejor y más exacta traducción en inglés de la Palabra infalible e inerrante de Dios que actualmente está en uso.

Rechazamos las versiones modernas e infieles, basadas en textos corrompidos y ue hacen libre uso de la equivalencia dinámica en la traducción.

1 Salmo 19:1-6 1; Romanos 1:18-23 2 Génesis 1:26, Romanos 2:14-15, 3 Juan 1:14, Hebreos 1:1, 2 4 2 Timoteo 3:16,17; Hebreos 3:7; 5 Salmo 119:160; Daniel 10:21; Juan 10:35 6 Isaías 8:20; 34:16; Mateo 22:29; Hechos 17:2 7 Salmo 119:152,160; Isaías 40:8; 59:21 ; Mateo 24:35; 1 Pedro 1:24,25

2. La Santísima Trinidad

Afirmamos que hay un solo Dios vivo y verdadero. 1 Aunque es incomprensible en su esencia y naturaleza, 2 este Dios se revela en las Escrituras como un Espíritu puro, 3 de infinita o absoluta perfección, 4 y eternamente subsistente en (o existente en el forma de) una Trinidad de Personas: 5, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 6 Estas Personas, o distinciones personales, en el Ser divino, están misteriosamente relacionadas entre sí, 7 igualmente comparten la misma esencia divina 8 y son, por tanto, iguales en poder y gloria. 9 Cada una de las Personas en la Divinidad tiene sus propiedades (o rasgos) personales, características y distintivas, en el Ser divino: es propiedad del Padre engendrar desde la eternidad 10 (Paternidad); del Hijo, ser eternamente engendrado del Padre (Filiación); 11 y del Espíritu Santo proceder eternamente del Padre y del Hijo (Procesión). 12 Estas propiedades personales en modo alguno implican precedencia o sucesión (la idea del tiempo está totalmente excluida) o superioridad o inferioridad (la idea de su rango o nivel está también totalmente excluida), sino que denotan las relaciones que existen eternamente en la Divinidad. 13 Fue la Segunda Persona de la Divinidad (el Hijo eternamente engendrado) Quien, en el tiempo señalado, entró en este pobre mundo y se hizo hombre, 14 asumiendo voluntariamente un cuerpo humano real 15 y un alma racional. 16 Una operación sobrenatural y milagrosa estuvo obrando en su concepción 17no a la manera de la generación ordinaria, por la que el pecado original se propaga– 18 y al nacer Él estaba libre de la culpa y corrupción del pecado de Adán, y era completamente santo y puro.19 De esta manera Él estuvo en condiciones para obtener la redención para Su pueblo. 20 Quien aplica la redención garantizada a los pecadores elegidos no es otro que la Tercera Persona de la Divinidad (el Espíritu Santo), Quien asegura que los tales son bendecidos espiritual y salvíficamente tanto en esta vida y como en la vida venidera. 21 El Señor Jesucristo ha unido para siempre en sí mismo la naturaleza de Dios y del hombre, las dos naturalezas existentes en Su única persona. 22 Este Dios uno y trino, sumo bendito y sumo glorioso, es el verdadero y único objeto de adoración, el Único de quien la fe depende y a quien se debe obediencia. Por gracia sin igual, éste es el Dios a quien pertenecemos, el Dios que buscamos glorificar a Dios y el Dios que esperamos disfrutar para toda eternidad. 23

Rechazamos las antiguas herejías que reaparecen en nuestros días: Triteísmo (que hace de las Tres Personas, tres dioses), sabelianismo (que considera a las Tres Personas como meros modos de manifestación), y el arrianismo (que enseña que el Hijo es una criatura exaltada y que el Espíritu Santo es simplemente una energía producida por el Hijo). Es especialmente preocupante la negación cada vez más común de la generación eterna de nuestro Señor y la eterna Filiación, así como la negación de que el Señor encarnado tenía un alma verdaderamente humana (al decirse que su naturaleza divina tomó el lugar del alma en la persona de Jesucristo). En nuestra opinión, estos son errores graves y peligrosos, que comprometen o bien la Divinidad de nuestro Señor o bien Su verdadera humanidad; e instamos a una mucho más cuidadosa adhesión a las Escrituras en estos asuntos, y a aquellos credos y confesiones históricas que mantienen fielmente la doctrina verdadera y genuina de la Palabra de Dios acerca de la profunda, pero sublime, verdad de la Santísima Trinidad.

1 Deuteronomio 6:4; 2 Samuel 22:32; Nehemías 9:6; Isaías 43:10 2 Job 11:7-9; 26:14; Salmo 139:6; Proverbios 30:4; 1 Corintios 1:21; 1 Timoteo 6:16 3 Isaías 31:3, Juan 4:24; Hebreos 12:9 4 Mateo 19:17; 1 Juan 1:5 5 Génesis 1:1 – “Dios” se traduce “Elohim”, que está en forma plural ( cf. Eclesiastés 12:1 – literalmente, “tus Creadores”), 1:26; 3:22; 11:7; Números 6:24-26; Salmo 115:9-11; Isaías 6:3; Daniel 9:19 6 Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Efesios 2:18; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 5:7; Apocalipsis 1:4,5 7 Salmo 110:1; Isaías 48:16; 61:1; 63:7-10; Daniel 9:19; Mateo 3:16-17; 11:27; Juan 3:35; 14:16,17, 26; 15:26; Hebreos 1:8, 1 Juan 2:23 8 El Padre – Mateo 11:25; Romanos 15:6; 1 Corintios 8:6, Gálatas 1:1,3. El Hijo – Salmo 45:6 (cf. Hebreos 1:8); Isaías 9:6; 40:3; Jeremías 23:6; Mateo 1:22-23; Juan 1:1, 5:18; 10:30; 20:28; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; Tito 2:13, 1 Juan 5:20, Apocalipsis 5:11-14. El Espíritu Santo – 2 Samuel 23:2,3; Hechos 5:3,4; Romanos 5:5, 1 Corintios 3:16, Efesios 2:22 9 Cantar de los Cantares 4:16; Ezequiel 37:9,14; Zacarías 13:7; Mateo 28:19, Juan 5:22,23; Filipenses 2:6; Hebreos 1:6, Apocalipsis 1:4,5; 5:13-14 10 Juan 5:26 11 Salmo 2:7 – “este día” es “la eternidad”; Proverbios 8:24,25; Miqueas 5:2; Marcos 12:6, Juan 1:14,18 -”el unigénito del Padre, el Hijo unigénito”, 3: 16; Romanos 8:3, 1 Juan 4:9 – “unigénito” antes de “… enviado al mundo” 12 Isaías 61:1, Juan 14:26; 15:26; Romanos 8:9; Gálatas 4:6 13 Mateo 11:27, Juan 17:25,26; Romanos 15:19 14 Juan 1:14; Gálatas 4:4; Filipenses 2:7,8; 1 Timoteo 2:5 15 Lucas 24:39; Colosenses 1:22; Hebreos 2:14; 10:5 (cf. Mateo 4:2; Marcos 4:38; Juan 4:6,7) 16 Isaías 53:10,12; Mateo 26:38; Lucas 23:46 (cf. Mc 3:5; Lucas 10:21) 17 Lucas 1:31,35; 1 Timoteo 3:16 18 Génesis 3:15, Mateo 1:22-23; Gálatas 4:4 (cf. Romanos 5:12) 19 Juan 14:30 ; Hebreos 4:15; 7:26; 9:14; 1 Pedro 2:22 20 Mateo 20:28; Gálatas 4:4,5 21 1 Corintios 6:11; Tito 3:4-7 22 Romanos 1:3, 4; 9:5; Filipenses 2:6-9 23 Deuteronomio 26:17, Salmo 48:14; Mateo 5:16, 1 Corintios 6:20; Salmo 4:6,7; 16:11; 27:4; 43:4; 73:25,26; Isaías 29:19; Apocalipsis 22:3-5

3. La Doctrina de la Gracia

Afirmamos que la doctrina común de la gracia en las Confesiones Reformadas (por ejemplo, Westminster, 1647; Saboya, 1658, y Londres, 1689), se conforma totalmente a la Escritura, la única norma infalible para la doctrina. Esa doctrina, comúnmente llamado calvinista, hace hincapié en la soberanía absoluta de Dios 1 e incluye la verdad de la Depravación Total, 2 Elección Incondicional, 3 Redención Particular, 4 Gracia Irresistible, 5 y Perseverancia de los Santos, 6 pero también abarca otras verdades reveladas de la Fe Reformada Histórica. Toda esta verdad es mantenida con una preocupación piadosa por los perdidos, y creemos firmemente en la necesidad de cumplir la comisión de evangelización y predicar el Evangelio a toda criatura, en todo el mundo.7 Este Evangelio son las buenas nuevas para los hombres pecadores, a través de Jesucristo, el único Salvador, presentado en él para ser creído y que la gente confíe en Él (a través de la gracia), de manera que los pecadores no se pierdan, sino que tengan vida eterna. 8

Rechazamos el arminianismo en todas sus formas, especialmente el moderno “decisionismo” y “conversionismo fácil” [en inglés, easy-believism].

1 Deuteronomio 4:39; Salmo 115:3, Isaías 46:9-11; Daniel 4:34,35; Efesios 1:11 2 Salmo 51:5; Jeremías 17:9, Marcos 7:21,22 3 Romanos 9: 10-13; Efesios 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13 4 Mateo 20:28; Juan 10:11, Hechos 20:28, Efesios 5:25; Tito 2:14; Apocalipsis 5:9 5 Juan 5:21; 6:44,45,65; Hechos 16:14, Romanos 8:30; 9:23,24; 2 Timoteo 1:9, 1 Pedro 2:9 6 Job 17:9; Filipenses 1:6; 1 Pedro 1:5 7 Marcos 16:15,16, Lucas 14:15-24, Romanos 1:14-16 8 Lucas 2:10; Juan 1:12,13; 3:16,17; Hechos 4:12; 13:26; 18:27, 1 Corintios 2:2, 2 Corintios 4:5; Gálatas 3:1,8; Efesios 2:8,9; 1 Timoteo 1:15, 1 Juan 5:11,12

4. Creación en Seis Días

Afirmamos la historicidad del relato bíblico de la Creación, que se encuentra en los primeros capítulos del Génesis.1 La Creación es el acto sobrenatural de Dios 2 por el cual, en el principio 3 y por Su Palabra o mandato inmediato, 4 trajo, de la nada, todo a la existencia, 5 y esto en el espacio de seis días literales, de veinticuatro horas.6

Rechazamos la teoría de la evolución (tanto teísta como atea), así como negamos todos los intentos de interpretar Génesis de acuerdo con las modernas teorías científicas, como en el caso de la “Teoría del día-era” (que hace que los seis días sean períodos de tiempo largos e indefinidos).

1 Génesis 1:1-31; 2:1-25; Mateo 19:4, 2 Pedro 3:5 2 Job 38:4-6; Salmo 90:1,2; 37:16 Isaías; 44:24; 45:9 3 Génesis 1:1; Hebreos 1:10 4 Génesis 1:3ss; Salmo 33:6,9,  Hebreos 1:3, 2 Pedro 3:5 5 Romanos 4:17; Hebreos 11:3 6 Génesis 1:3–5ss; Éxodo 20:8-11

5. Sustitución Penal

Afirmamos que el acto de expiación de Cristo era de “satisfacción penal para la justicia de Dios”. En el plan de redención, Él fue designado “fiador”, y como tal fue obligado a cumplir un servicio o pagar una deuda para otros. 1 Al cumplir este compromiso, en el amor infinito por Su pueblo, no solamente prestó obediencia a los preceptos de la Ley, sino que también sufrió pena de la Ley de la ira y la maldición de Dios. 2 A lo largo de Su vida, pero especialmente en Su muerte, Él “llevó nuestros pecados”, expresión que significa que Él tomó el castigo de todos esos pecados; 3 y así se dice que Él, siendo “entregadas por  (peri – “por causa de”) nuestros pecados”, realmente “sufrido por los pecados, el justo por (huper – “en el lugar de”) los injustos”. 4 De hecho, fue así que Él se hizo un “sacrificio”,  5 siendo nuestra culpa transferida a Él y siendo Su vida, en consecuencia, tomada como la pena debida. 6 No se puede dudar, por consiguiente, de que Dios le infligió a El   –el Sustituto legal del pecador– el “castigo” y ” punición”, a fin de que podamos ser “salvos de la ira por medio de Él”. 7 Ésta es la gloria del Evangelio y la única esperanza de los pobres y miserables pecadores.

Rechazamos la opinión de algunos liberales modernos (que afirman ser “evangélicos”) que se atreven a sugerir que “la sustitución penal” es una mera “teoría” de la expiación, la cual ellos blasfemamente afirman que sería un “el maltrato infantil cósmico”.

1 Hebreos 7:22 cf. Génesis 43:9; Filemón 18 2 Isaías 53:4,5; Gálatas 3:13 3 1 Pedro 2:24 cf. Levítico 20:17ss 4 Romanos 4:25, 1 Pedro 3:18 5 Efesios 5:2, Hebreos 9:26 Isaías 53:4-7 6 cf. Levítico 1:4,5 7 Isaías 53:5,10; Zacarías 13:7; Romanos 5:9

 

6. Justificación por la Sola Fe

Afirmamos que la justificación es el acto de gracia de Dios que declara a los pecadores justos ante los ojos de Su Ley: 1 por lo que se utiliza en la Escritura en contraste de la acusación o condenación. 2 Este veredicto, pronunciado una vez y para siempre, no es por causa de algún mérito en el pecador, sea presente o futuro, sino solamente sobre la base de la justicia de Jesucristo, 3 es decir, Su obediencia activa mediante la cual Él cumplió perfectamente todos los preceptos de la Ley, 4 y su obediencia pasiva, por la cual soportó la completa pena de la Ley. 5 Esta obediencia activa y pasiva fue vicaria, en que fue una obediencia ofrecida por Él, como representante de los pecadores elegidos, en su lugar y en nombre de ellos. 6 La justificación fue decretada desde la eternidad, pero el decreto es cumplido y tiene lugar en la experiencia de los elegidos cuando, por gracia, ellos creen, recibiendo a Cristo como Salvador en dependencia de la completa suficiencia de lo que Él ha hecho por ellos en vida y muerte, 7 y cuando la justicia de Cristo, que satisface perfectamente la Ley, les es realmente imputada, es decir, se les atribuye o pone en su cuenta. 8 Dios pronuncia, entonces, Su juicio o sentencia de justificación, perdonando todos sus pecados (pasados, presentes y futuros), o remitiendo la pena debida por ellos, 9 y declarándolos justos delante de Él, como si hubieran obedecido cada precepto. 10 Esto le da a los pecadores el derecho a la vida eterna; 11 y tal justificación es irrevocable. 12

Rechazamos la doctrina romanista de que la justicia infusa en el pecador es meritoria y contribuye a la justificación final, así como también rechazamos la “Nueva Perspectiva sobre Pablo”, “Teología de la Avenida Auburn” y “Visión Federal”, que igualmente comprometen la doctrina de la justificación por la fe sola, que sugieren que es en parte por las obras y, más concretamente, por la “fe fiel”, “la obediencia fiel” o “una (meramente externa) membresía  mera alianza”.

1 Romanos 3:24; 5:17; 8:33; Tito 3:7 2 Romanos 8:33,34 cf. Deuteronomio 25:1 3 Isaías 45:25; Jeremías 23:6, Romanos 3:24-26; 5:9,18; 10:4; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21 4 Salmo 40:8, Romanos 5:19; Filipenses 2:8 5 Romanos 4:25; 5:9; 8:4 6 Isaías 53:6,11, Romanos 5:15-19, 1 Corintios 15:22; Gálatas 4:4,5; Hebreos 7:22 7 Hechos 13:39; Romanos 3:22,28; 5:1; Gálatas 2:16; Filipenses 3:8,9 8 Romanos 4:6-8, 20-25; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21 9 Romanos 4:6-8; 8:1,33 10 Romanos 4:5; Efesios 1:6; 11Romanos  5:1,2,18,21; Tito 3:7 12 Romanos 8:1,30-34

7. Santidad de Vida

Afirmamos que, porque Dios es santo, Él requiere santidad en la vida de todos creyentes. 1 Hechos santos en Cristo en cuanto a nuestra posición, hemos de vivir santamente por Cristo en cuanto a nuestro estado. 2 La santidad es, primera y principalmente, un asunto del corazón, 3 pero, inevitablemente debe manifestarse en la conducta, tanto en palabras y en hechos. 4 Esto comportará, para el cristiano, la separación de todo lo que es mundano y pecador, de modo que nuestras vidas sean marcadamente diferentes de aquellos hombres y mujeres a nuestro alrededor. 5 Éste es el propósito de la gracia de Dios, 6 y por consiguiente la obra continua de Dios en nosotros; 7 y aunque nunca sea perfecta en esta vida, 8 será benditamente perfecta en la vida venidera. 9 Como pueblo del Señor, por consiguiente, anhelamos esta santidad futura cuando, completamente santificados por Su voluntad, seremos perfeccionados a la imagen de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. 10

Rechazamos la opinión de muchos cristianos profesantes en estos días de que es bastante aceptable seguir el mundo impío en el vestido y en sus formas de pensar, hablar y comportarse.

1 Isaías 35:8; 1 Pedro 1:15,16; 2 Timoteo 2:19 2 1 Corintios 1:30; Hebreos12:14; 13:12 3 Salmo 45:13; Mateo 5:8; 23:25-28 4 Efesios 4:29; Tito 2:12 5 2 Corintios 6:17; Filipenses 2:15, 1 Juan 2:15,16 6 Efesios 1:4 7 Filipenses 2:12,13; 1 Tesalonicenses 5:23; 8 Romanos 7:14-25; 1 Juan 1:8,10 9 Efesios 5:25-27; Hebreos 12:23, 1 Juan 3:2; Judas 24; Apocalipsis 21:4,27 10 Salmo 17:15; Romanos 8:29 ; Efesios 1:4

8. La Experiencia Cristiana

Afirmamos la necesidad del cristianismo experimental o verdadera experiencia cristiano. 1 Mientras que el conocimiento no debe ser despreciado, existe un peligro de una preocupación no espiritual sobre el intelecto. La Fe Reformada, en su forma más pura, es la teología del corazón, y esto, por consiguiente, nos debería profundamente mover y hondamente cambiarnos. 2 Cuando Dios, por gracia, se muestra en Su infinita soberanía, majestad y gloria, somos llenos de un sentido asombro adorador y un sentido de gran indignidad. 3 Sentimos asombro de que hay misericordia en Él, que le permita recibir a pecadores. 4 Confiando completamente en el Redentor, a través de Cuya sangre fluye la misericordia a nosotros, buscamos el perdón que nos llena nuestras almas de alegría y paz. 5 Continuamente nos volvemos al Señor nuestro Dios en busca de refugio y consuelo, siendo caracterizadas nuestras vidas por la oración persistente  por el cumplimiento de las promesas divinas. 6 Su Palabra es nuestra meditación diaria: en ella encontramos consejo seguro, y de ella sacamos toda la fuerza y apoyo necesarios. 7 En nuestro andar diario, somos conscientes de que sus vigilantes ojos que todo lo ven están sobre nosotros, y nosotros, por consiguiente, siempre procuramos caminar humildemente con Él. 8 A veces, tal es nuestra dulce comunión que estamos absortos en amor y alabanza, y grande es nuestro deleite en los Días de Reposo al acercarnos a Dios, en la manera que Él ha designado, gloriándonos en el hecho de que Él es nuestra bendita porción, en esta vida y la siguiente. 9 Su amor por nosotros no sólo engendra amor por Él, sino también nos lleva a amar a Su pueblo con un puro afecto, y a los pobres perdidos pecadores con anhelo ferviente de que puedan ser salvos. 10 En todas estas cosas, nuestro gran fin es que Dios sea glorificado –que todo lo relacionado con nosotros, como pecadores escogidos, redimidos y llamados, pueda redundar para la gloria de Dios–. 11

Rechazamos aquella representación de la Fe Reformada que es poco más que un asentimiento a una teología particular y ese frío calvinismo académico, que hace incluso que la Doctrina de la Gracia parezca seca y árida.

1 Jeremías 31:3; Romanos 8:16; Filipenses 3:10 2 Ezequiel 36:26; Hechos 16:14, Efesios 3:14-19 3 Isaías 6:1-5, Romanos 11:33-36, 1 Corintios 4:7 4 Salmo 130:3,4; 1 Timoteo 1:12-14, 1 Pedro 2:10 5 Job 19:25-27; Miqueas 7:18, Romanos 15:13 6 Salmo 71:3; 119:49; 142:5; Judas 20,21 7 Job 23:11,12; Salmo 1:1-6; Mateo 4:4 8 Génesis 16:13; Salmo 16:8; 139:1-5; Miqueas 6:8 9 Salmo 43:3,4; 48:14; 73:25; Lamentaciones 3:24 10 Salmo 116:1; 5:5;  Romanos; 10:1; 1 Juan 4:7 11 1 Corintios 6:20; Efesios 3:21; 1 Timoteo 1:17

9. El Día de Reposo

Afirmamos la perpetuidad del Día de Reposo. Designado en la creación, 1 observado por los patriarcas, 2 mantenido en el desierto, 3 incorporado en el Decálogo (o Diez Mandamientos), 4 confirmado por los profetas, 5 y predicho para los tiempos del Nuevo Testamento, 6, fue confirmado y hecho prevalecer por nuestro Señor. 7 La observancia del Día de Reposo comporta la consagración del “séptimo día”; y durante el período del Antiguo Testamento, éste era el séptimo día de la semana, 8, pero nuestro Señor, si bien mantuvo el principio del séptimo día, 9 cambió el día del séptimo al primer día de la semana, el día de Su resurrección de entre los muertos, 10 y este día, por consiguiente, fue observado por la Iglesia Cristiana primitiva. 11 Un Día de Reposo, por consiguiente, permanece para el pueblo de Dios, 12 y debemos guardarlo descansando del empleo normal 13 (excepto para las obras de necesidad y misericordia 14) y del recreo 15 (que puede ser perfectamente legal en otros días 16), y pasando el día, en la medida de lo posible, en adoración pública y privada, incluyendo la lectura espiritual, oración, meditación y conversación. 17 El Día de Reposo mantenido así resultará ser una bendición inestimable para los individuos y las naciones. 18

Rechazamos la oposición a la defensa del Día de Reposo que prevalece en algunos círculos; lamentamos profundamente la gran decadencia en la observancia del Día de Reposo; y el hecho de que muchos en el mundo –y no pocos en la Iglesia– profanan abiertamente el Día de Reposo por un trabajo innecesario, por mirar la televisión, la práctica de deporte, el frecuentar restaurantes y los viajes de vacaciones. Trágicamente, el “antinomianismo” contemporáneo –especialmente en la forma de la “Nueva Teología del Nuevo Pacto”– fomenta la profanación pecaminosa y la profanación de la Día Santo de Dios, y aborrecemos y denunciamos estos errores teológicos como por cuanto son en detrimento de la mayor gloria de Dios y el bien espiritual del hombre.

1 Génesis 2:3 Génesis 4:3 2 – “en el transcurso del tiempo”, literalmente, “al final de los días”, cf. 8:10,12; 29:27,28; Job 1:4,5 3 Éxodo 16:23,26 4 Éxodo 20:8-11, Deuteronomio 5:12-15 5 Isaías 58:13; Jeremías 17:21, 22 6 Isaías 56:6,7; 66:23 7 Mateo 24:20, Marcos 2:27,28; Lucas 4:16,31; 23:56 8 Génesis 2:2,3; 4:3; Éxodo 31:16,17 9 Marcos 2:27,28 10 Juan 20:1,19,26; Apocalipsis 1:10 11 Hechos 2:1; 20:7; 1 Corintios 16:1,2 12 Hebreos 4:9 13 Éxodo 20:10; 34:21; Levítico 23:3; Deuteronomio 5:14; Nehemías 13:15-20; Jeremías 17:21 14 Mateo 12:1,10-13; Lucas 13:16 15 Isaías 58:13 16 Génesis 27: 3; Nehemías 8:10; Eclesiastés 8:15 17 Levítico 23:3; Salmo 92-título; Isaías 66:23; Lucas 4:16, Hechos 16:13,14; 20:7  18 Génesis 2:3, Isaías 56:7,8; 58:13,14

10. Reverencia en el Culto

Afirmamos el concepto de la reverencia por Dios. 1 Las Escrituras distinguen entre el temor servil, que es poco más que el miedo de la ira y castigo de Dios, 2 y el temor filial, que es una santa disposición formada en nuestras almas por el Espíritu Santo, 3 por el cual somos capacitados adecuadamente para responder a la infinita excelencia de Dios, 4 su grandeza y bondad. 5 Ésta es la gracia en la que los creyentes están llamados a ejercitarse. 6 Es un asombro, maravilla y profundo respeto delante de Dios, 7 se manifiesta en una variedad de maneras, incluyendo una estricta observancia a Su voluntad revelada, 8 el aborrecimiento de lo que es malo o indigno, 9 la vigilancia sobre el corazón y la vida, 10 la sinceridad, seriedad y diligencia en Su servicio, 11 el no rehusar nada a Él, 12 la esperanza en la sola misericordia divina, 13 y un profundo y fuerte deseo de Su presencia y favor. 14 Esta profunda veneración por Dios debe ser especialmente evidente en el culto de la iglesia, 15 donde Dios no sólo es reconocido como la Majestad divina, sino que también es honrado y alabado como tal. 16 Este temor no es en absoluto incompatible con el amor a Dios por parte del adorador, pero sí que afecta el carácter de ese amor, haciendo que no sea una familiaridad carnal sino afecto reverencial; 17 ni tampoco es incompatible con nuestro gozo en Dios, sino que el temor  piadoso tiene un efecto santificador y solemnizador sobre el mismo, transformando esta emoción en algo sobrio y sereno, que no se expresa en la risa mundana, sino más bien en regocijo espiritual. 18

Rechazamos el espíritu que prevalece en muchas iglesias, con su tendencia a convertir la adoración en nada más que un entretenimiento mundano. Nos apena que, en la Casa de Dios, los ministros tan a menudo prefieran vestirse informalmente y se conduzcan de una manera poco digna, como también nos duele que las congregaciones estén dispuestas a seguir sus malos ejemplos, convirtiéndose en arrogantes acerca de Dios y de Su santidad y comportándose de la manera más indigna e indecorosa. La reverencia y temor de Dios han trágicamente desaparecido en nuestros días.

1 Génesis 31:42; Salmo 33:8; Proverbios 1:7; Hebreos 12:28 2 Génesis 3:10; Mateo 25:24,25; Santiago 2:19 3 Deuteronomio 5:29; Salmo 86:11, Isaías 11:2,3; Jeremías 32:39,40 4 Deuteronomio 28:58, Salmo 112:1 5 Jeremías 5:22; 10:6,7; Salmo 130:4; Oseas 3:5 6 Proverbios 23:17, 2 Corintios 7:1, 1 Pedro 1:17 7 Eclesiastés 5:2; Isaías 6:1-3, 8 Salmo 112:1 8:13; Eclesiastés 12:13 9 Génesis 20:11; 42:18; Job 1:1; Proverbios 8:13, 16:6, 10 Romanos 11:20,21; 2 Corintios 7:1; 11 Salmo  2:11; Filipenses 2:12; Colosenses 3:22 12 Génesis 22:12; Nehemías 5:15; Isaías 60:5 13 Salmo 147:11  14 Salmo 25:1,14; Hechos 10:1,2; 15 Éxodo 15:11; Salmo 5:7; 89:7; Hechos 9:31 16 Salmo 29:2; 50:23; 86:9; Apocalipsis 14:7; 15:4; 17 Salmo 70:4; 73:25 18 Salmo 2:11; Proverbios 28:14; Filipenses 4:4

11. El Principio Regulador del Culto

Afirmamos la Ley para el culto divino, conocido como el Principio Regulativo, que establece que debe haber una autoridad positiva de designación de las Escrituras, o prescripción, en la manera de mandamiento directo o ejemplo aprobado, para todas las partes de la adoración de Dios. Esta ley se ha expresado en la declaración, “lo que la Escritura no prescribe, lo prohíbe.” 1 Entendemos que esta afirmación significa que las partes del culto ordinario sólo deben incluir el canto de alabanza bíblica y digna; 2 la lectura de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento en una traducción fiel y precisa; 3 el ofrecimiento de la oración, que incluya la acción de gracias, 4 confesión 5 y petición; 6 la predicación y escucha de la Palabra de Dios, 7 y la bendición. 8 Además de estas ordenanzas, está también la administración de los dos sacramentos u ordenanzas simbólicas: a saber, el Bautismo y la Cena del Señor. 9

Rechazamos la introducción en el culto solemne y público del entretenimiento mundano, ya sea de teatro, mimo, títeres, arte, danza, comedia o la música pop (con sus grupos de música e instrumentistas). De hecho, desaprobamos la así llamada “Adoración Cristiana Contemporánea”, por creer que sus innovaciones deshonran a Dios, son contrarias a las Escrituras (como “culto voluntario”), y perjudiciales para el testimonio de la Iglesia profesante de Cristo.

1 Deuteronomio 4:2; 12:32; Mateo 15:3,9; 28:20; 1 Corintios 11:2,23; Colosenses 2:22 2 Salmo 95:1,2; Colosenses 3:16 3 Josué 8:34,35; Nehemías 8:1-3, 1 Tesalonicenses 5:27 4 Oseas 14:1,2; Filipenses 4:6; Hebreos 13:15 5 Daniel 9:4; Mateo 6:12; 1 Juan 1:9 6 Efesios 6:18,19; Filipenses 4:6; 1 Timoteo 2:1,2,8 7 Hechos 10:33; 2 Timoteo 4:2 8 Números 6:22-27, 2 Corintios 13:14 9 Mateo 28:19, 20, 1 Corintios 11:23-29

12. El Sagrado Ministerio

Afirmamos la creencia en el santo ministerio. Incluso en los tiempos del Antiguo Testamento, había Ministros de la Palabra, tanto extraordinarios como ordinarios, 1 pero en los tiempos del Nuevo Testamento, el Oficio Ministerial pasó a estar mucho más al frente. 2 Nuestro Señor mismo fue un Ministro, 3 y durante el período de Su predicación y enseñanza pública, Él ordenó a los Doce primero, y más tarde los Setenta; 4, pero dio a entender que otros estarían todavía involucrados en esta obra 5 y, antes de ascender a los cielos, declaró que existiría un Ministerio hasta el final de los tiempos. 6 Así pues, incluso ahora, el Señor exaltado da “pastores y maestros” a su Iglesia. 7 La Escritura insiste en que tales hombres deben ser divinamente cualificados por una vida santa y sin reproche, por un conocimiento racional y experimental de la Verdad, y por la capacidad de declarar y aplicar fiel y celosamente la Palabra de Dios. 8 También es necesario –de hecho es esencial– que el tal sea “llamado” al Ministerio, “llamamiento” que es doble: un llamamiento interior del Señor (la voluntad divina impresa en el corazón, aportando una convicción real, profunda y convincente) y un llamamiento externo de la Iglesia (que comporta la elección y entonces la ordenación solemne o designación). 9 Es evidente que sólo los hombres son llamados al oficio, y a dirigir así públicamente la adoración y ministrar la Palabra de Dios en el Iglesias 10 y cualesquiera otros oficiales pueda haber en una Iglesia del Evangelio (Ancianos Gobernantes o Diáconos), su servicio nunca podrá ser un sustituto de un correcto e indicado Ministerio Bíblico.11 Aquellos debidamente designados para el Ministerio deben cumplir con sus obligaciones, no en forma imperiosa o dominante, sino con un espíritu humilde, paciente y compasivo, como es el que se halla en el Príncipe de los pastores, nuestro Señor Jesucristo. 12 Además, según las Escrituras, el Ministerio de ellos no es sacerdotal (habiendo sido quitado el orden de Aarón, y el orden de Melquisedec perteneciendo únicamente al Señor Jesucristo): 13 en vez de ello, sus funciones principales son la predicación o la enseñanza de la Palabra de Dios y la administración de la sacramentos u ordenanzas.14 El único medio público divinamente autorizado para la instrucción y conversión de los pecadores es la proclamación verbal de la Palabra santa de Dios 15 y una de las mayores necesidades del tiempo presente es que se levanten hombres para predicar todo el consejo de Dios con autoridad y fidelidad, 16 y para estos predicadores –y para esta predicación– ser ungidos y capacitados por el Espíritu Santo enviado del cielo.17

Rechazamos la idea de que el ministerio “se encuentra en común”, de manera que cualquier persona pueda realizar el ministerio público en la iglesia, así como rechazamos la idea de que las mujeres pueden dirigir cualquier parte del culto divino o predicar a la iglesia congregada. Repudiamos también cualquier uso de teatro, mimo, títeres, etc., como medios ilegítimos e impropios para comunicar la Verdad revelada de Dios, puesto que creemos que Dios ha designado la predicación como la manera apropiada para dar a conocer su Verdad a este mundo necesitado.

1 Lucas 1:70; 2 Pedro 1:21; Deuteronomio 33:10; 2 Crónicas 15:3; Malaquías 2:7, Hechos 15:21 2 Hechos 6:4; Efesios 4:11,12; 1 Timoteo 1:12 3 Isaías 61:1, Romanos 15:8; Apocalipsis 3:14 4 Marcos 3:13,14; Lucas 10:1-16 5 Mateo 13:52; Lucas 12:42,43 6 Mateo 28:19,20 7 Efesios 4:11,12; 1 Corintios 12:28 8 Hechos 20:27,28; Romanos 12:6-8, 2 Corintios 3:5,6; 1 Timoteo 3:1-7; 2 Timoteo 2:15,24; 4:1-5; Tito 1:4-9 9 Hechos 13:1,2; Romanos 10:15, 1 Corintios 9:16, Hechos 1:15-26, 13:1-3; 14:23; 1 Timoteo 4:14 10 1 Timoteo 3:1, 1 Corintios 14:34,35; 1 Timoteo 2:11,12 11 Hechos 12:17; 21:18; Romanos 12:5-8, 1 Corintios 12:28; Hebreos 13:7,17 12 Mateo 20:25-28; 23:11,12; 1 Pedro 5:3; 3 Juan 9-11 13 Hebreos 8:13; 10:11,12 14 Mateo 28:19,20; Hechos 6:4; 20:7-11, 1 Corintios 3:5; 4:1; 2 Timoteo 4:1-4, 15 Lucas 24:46-48, 1 Corintios 1:21; 2 Corintios 4:5 16 Mateo 9:37, 38; Hechos 20:27; 2 Timoteo 2:2 17 Lucas 24:49, Juan 20:21,22; Hechos 4:8,31; 1 Pedro 1:12

13. Separación

Afirmamos el deber de dar un claro testimonio de nuestra Fe mediante la separación de todo error y, por consiguiente, de toda cooperación en actividades religiosas con los que niegan cualquier verdad capital de la Fe Cristiana. 1 Bajo el Antiguo Pacto, el pueblo de Dios fue advertido solemnemente en contra de la asociación con aquellos que habían desviado gravemente de la Verdad, 2 y cuando no hizo caso de tal advertencia fueron severamente reprobados, reprendidos o juzgados. 3 Bajo el Nuevo Pacto, se nos dice claramente que nos apartemos de aquellos que se apartan a sí mismos de la Verdad inviolable de Dios. 4 También está claro que debemos restringir el compañerismo –en especial el compañerismo público, de la iglesia– con aquellos que profesan ser “evangélicos” pero que desprecian la enseñanza de las Escrituras sobre la separación, prefiriendo confraternizar con aquellos que cuestionan o repudian la Verdad de la Biblia.5 Una de las mayores debilidades de los modernos “evangélicos” es que yerren en adoptar una toma de posición separada de la apostasía. Aquellos que representan el evangelicismo verdadero y conservador deben posicionarse juntos –y trabajar juntos– por la fe una vez dada a los santos. 6

Rechazamos todas las actividades  interreligiosas, así como repudiamos totalmente el falso ecumenismo que intenta reunir aquellos que no pueden estar de acuerdo en los puntos fundamentales de la Fe Cristiana; el Romanismo que promueve una idolatría esencial y blasfemamente pagana; el Modernismo que viola la doctrina de la inspiración verbal y plena de las Sagradas Escrituras; y el Neo-Evangelicismo que prefiere una posición de neutralismo y apaciguamiento, comprometiendo la Verdad bíblica distintiva y vital.

1 Romanos 16:17,18; Efesios 5:11; Tito 3:10; 2 Juan 10,11 2 Éxodo 23:32; 34:12,15; Josué 23:7 3 Jueces 2:2; 2 Crónicas 19:2 cf. 18:1; 20:35-37; Esdrás 9:1,2,14 4 Mateo 7:15; 15:14; 2 Corintios 6:14-18; Gálatas 1:8,9; 2:4,5,11; 1 Timoteo 6:3-5; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Juan 5:21; Apocalipsis 2:14-17; 18:4 5 2 Tesalonicenses 3:6,14,15 6 Hechos 2:42; 2 Corintios 13:8; Filipenses 1:27; 3 Juan 5-8; Judas 3

14. Avivamiento

Afirmamos la realidad y la gloria del avivamiento espiritual. Esto no es algo de orígenes modernos, porque el Espíritu Santo estuvo presente en los tiempos del Antiguo Testamento, 1 y, en varias ocasiones, en tiempos de decadencia espiritual, al antiguo pueblo del Señor se les concedió una nueva manifestación de la presencia y actividad del Espíritu, que dio lugar a un avivamiento y la renovación de sus almas. 2 Los profetas predijeron que habría futuras visitaciones avivadoras en esta era cristiana 3 y ellos, junto con el remanente piadoso, anhelaron y oraron por tales tiempos. 4 Pentecostés vio la llegada formal del Espíritu Santo para comenzar su actividad en el nuevo pacto glorificando al Cristo exaltado; 5 pero para los primeros cristianos este acontecimiento notable no excluía las incontenibles experiencias posteriores de la presencia y poder del Espíritu. 6 Aun así, la Iglesia, en su estado actual sin vida, necesita al Espíritu Santo como nunca antes en su historia, para hacer que la predicación sea poderosa, para producir un renovado aumento de la vida espiritual en la Iglesia y la conversión de multitudes en este mundo impío.7 El avivamiento resultante será caracterizado por un profundo sentido de Dios, un verdadero quebrantamiento de corazón, una verdadera preocupación por el alma, la asistencia diligente a los medios de gracia, la súplica ferviente, la vida cristiana santificada, una fuerte seguridad y un servicio sacrificial. 8 El pueblo del Señor debe orar fervientemente por un poderoso avivamiento del Espíritu Santo, de manera que Dios pueda sea exaltado y glorificado en la bendición de Su Iglesia y  través de ella.9

Rechazamos la idea de que el avivamiento pertenece sólo al pasado, así como nos oponemos a la idea de que es algo de lo que la Iglesia pueda prescindir, y que todo lo que se requiere para ella es que continúe a dar testimonio de la Verdad. El evangelismo y la reforma exterior, en sí mismas y por sí mismas, no son las respuestas a la terrible falta de vitalidad y vigor espiritual, y el mero activismo por parte de los cristianos no efectuará la deseada transformación de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, también rechazamos el Movimiento Carismático, que subordina la doctrina a la experiencia, pretende revelación extra-bíblica a través de los dones milagrosos, intenta restaurar los oficios extraordinarios y temporales de los Apóstoles y los Profetas, aboga la continua necesidad de señales y prodigios, alienta una flagrante irreverencia y mundanalidad en el culto público, aprueba un estilo de vida incompatible con una vida santa y promueve su propia forma sutil de ecumenismo. Este movimiento, a nuestro juicio, ha hecho un daño incalculable a las Iglesias Evangélicas y Reformadas y, sin vacilar, lo censuramos y repudiamos.

1 Génesis 6:3; Éxodo 28:3; Números 11:17; 1 Samuel 16:13; Nehemías 9:20,30; Salmo 51:11,12; Isaías 63:10; Hageo 2:5 2 Jueces 3:10 ; 6:34; 11:29; 13:25; 2 Crónicas 15:1; 20:14; 24:20; Nehemías 9:30 3 Isaías 32:15; 41:18; 44:3; Joel 2:28, 29; Zacarías 12:10 Salmo 85:6 4 Isaías 45:8; 64:1,2; Habacuc 3:2 5 Juan 7:39; 15:26; 16:13-15, Hechos 2:1,2, 22-36 6 Hechos 4:31; 5:14; 11:24 7

 
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