IGLESIA PROTESTANTE CONFESIONAL
IGLESIA lUTERANA CONFESIONAL DE COLOMBIA  
 
  DEVOCIONALES 18-12-2017 09:04 (UTC)
   
 






Dios es excelso en su poder (Job 36:22).Con él está el poder y la sabiduría (Job 12:16). Dios es Todopoderoso (Job 37:23). En él está el poder para ayudar o para derribar (2 Crónicas 25:8).

Él hizo con su poder la tierra, con su saber puso en orden el mundo y con su sabiduría extendió los cielos (Jeremías 10:12). Los montes son afirmados con su poder (Salmo 65:6). Él agita el mar con su poder (Job 26:12). Él señorea con su poder para siempre (Salmo 66:7).

 

Dios sacó [a su pueblo] de Egipto con su presencia y con su gran poder (Deuteronomio 4:37) para nuestra salvación.

 

El Espíritu Santo [vino] sobre [María] y el poder del Altísimo [la cubrió] con su sombra; para que naciera el Hijo de Dios (Lucas 1:35) para nuestra salvación.

 

[Jesús tiene] poder para poner [su vida] y [tiene] poder para volverla a tomar (Juan 10:18) para nuestra salvación.

 

Toda potestad [ha sido] dada [a Jesús] en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) para nuestra salvación.

 

Dios nos salva por el poder de la Palabra de la Cruz (1 Corintios 1:18). Y el Hijo del hombre [vendrá] sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (Mateo 24:30) para conducirnos a nuestra morada de eterna salvación.

 

Bendito seas tú, Jehová, Dios de Israel, nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el dar grandeza y poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre (1 Crónicas 29:11-12).

 

Aun en la vejez y las canas, Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu potencia a todos los que han de venir, y tu justicia, Dios, que llega hasta lo excelso (Salmo 71:18).

 












 

TODO DEPENDE DE DIOS.

 

 Romanos 9:16 nos dice: “… no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.

Que bellas palabras para ir cerrando este año empezar a planear el año 2012. Al decir o escuchar estas palabras recibimos gran consuelo porque entonces sabemos con certeza que Dios, quien es absoluta e infinitamente sabio y misericordioso, guiará la vida de cada uno de nosotros, de la mejor manera, para que permanezcamos en el camino que lleva al cielo, es decir, para que permanezcamos en Jesús. Juan 14:6 nos da la seguridad del camino correcto para andar este año y toda nuestra vida. “Jesús le dijo: -Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi

 

Si todo depende de Dios entonces podemos estar seguros de que todo lo que acontezca será para nuestro bien, como nos lo confirma Romanos 8:28: “Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas la cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

 

Nuestra vida espiritual seguirá dependiendo de él. Por medio del Espíritu Santo seguirá alimentando nuestra fe al permitirnos: escuchar, recordar, y aprender su santa Palabra. Jesús nos lo asegura en Juan 14:26: “…el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, el os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Dios nos regaló la comunidad cristiana confesional a la que pertenecemos. Dios nos regaló los pastores que nos anuncian la ley y el evangelio, y también nos regaló los hermanos que con su vida nos animan a seguir adelante para el recorrido que nos espera.

 

Nuestra vida física también seguirá dependiendo de él. Él es quien permitirá que salga el sol y que la lluvia caiga para que podamos mantenernos con vida y disfrutar de los frutos de la tierra. Sí, él “sustenta todas cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3), y “hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

 

Nuestra vida familiar seguirá dependiendo de él. Él es quien bendice a cada uno de los nuestros. Él es quien permite que desempeñemos los trabajos que realizamos. Dios bendice todas las familias como está escrito en Génesis 12:3, “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

 

Si todo depende de Dios, entonces nada depende de mí. ¡Que alegría! Dios tiene el control de todo. Esa es la mayor garantía para mi vida.

 

Esta vida maravillosa, no sin problemas y dificultades, sino bajo Cristo nuestro Señor, que nos conduce a nuestra patria y a nuestra morada celestial. También nos motivará a compartirla con otros que necesitan urgentemente tener conocimiento de esta gran verdad: Todo depende de nuestro amoroso y misericordiosos Dios.



 

TENTADO NO CEDAS

 

Una estrofa del himno 410 del Culto Cristiano en español, dice así:

 

Tentado no cedas, ceder es pecar, mejor te sería luchando triunfar; valor pues no temas, combate tú el mal, Dios quiere librarte del yugo mortal.

 

Este himno nos llama la atención porque menciona la lucha que tiene el cristiano cada día, cada momento de su vida, contra su naturaleza pecaminosa. Aunque ya es justificado ante Dios, pues él lo declaró inocente de toda acusación o culpa, aún permanece en cada cristiano la naturaleza pecaminosa. Esa inclinación a pecar llamamos “el viejo Adán”, y en las mujeres la llamo la “vieja Eva”. Solo en el cristiano existe la lucha entre las dos naturalezas, porque solo los cristianos son hijos de Dios (espiritualmente hablando, vea Juan 1:12- 13).

 

La nueva naturaleza es la de hijo de Dios, la cual batalla contra la antigua naturaleza, la pecaminosa con la que nacimos. La nueva nos jala a hacer la voluntad de Dios y la antigua nos jala a hacer la voluntad del diablo. La nueva naturaleza quiere mostrar agradecimiento a Dios por todo lo que él hace por y para nosotros, y ama la palabra de Dios y se deleita en ella. Pero la naturaleza pecadora rechaza a Dios y a su Palabra Santa, y no quiere ni puede agradar a Dios.

 

¡Que terrible batalla se lleva a cabo dentro del cristiano! ¿Cómo podemos ganar esta batalla y hacer lo que Dios quiere? La carta a los Hebreos nos dice que corramos la carrera que tenemos por delante, es decir que llevemos esta nueva vida que Dios nos dio, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:1-2).

 

Somos hijos de Dios por su gracia sola. Él nos buscó, nos salvó, nos redimió con la preciosa sangre y el sufrimiento y muerte en la cruz de su hijo Jesucristo, y por eso queremos mostrarle nuestro agradecimiento. El mismo Señor Jesucristo nos muestra cómo debemos luchar contra todo tipo de mal que nos asedia, porque él mismo sufrió en carne propia los embates del maligno. Fue tentado en todo, pero en todo salió triunfante y sin pecado (lea Hebreos 2:18; 4:15; 7:25-28).

 

Reconocemos que el Señor Jesucristo no tenía naturaleza pecadora porque, a diferencia de nosotros, él desde su concepción fue sin pecado. También queremos notar que él durante toda su vida, desde niño y hasta el momento de su muerte, estuvo expuesto a las tentaciones; pero siempre salió limpio, sin pecado, pues la Biblia claramente afirma que él fue sin pecado. Si el Espíritu Santo nos reveló solo algunos pasajes de su vida es porque ellos son suficientes para saber lo necesario para ser salvos.

 

Podemos saber también ¿cómo Jesús trató con la tentación y la venció?; así que no necesitamos más, y por eso leemos Lucas 4:1-13 para saber cómo lo hizo:

 

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: —Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: — Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios’.

 

Luego lo llevó el diablo a un monte alto y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Le dijo el diablo: —A ti te daré todo el poder de estos reinos y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada y a quien quiero la doy. Si tú, postrado, me adoras, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: —Vete de mí, Satanás, porque escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás’.

 

Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del templo y le dijo: —Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues escrito está: ‘A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden’, y ’En las manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra’. Respondiendo Jesús, le dijo: —Dicho está: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. Cuando acabó toda tentación el diablo, se apartó de él por un tiempo.”

 

Notamos que el Señor Jesucristo citó siempre correctamente la Palabra de Dios, aunque el tentador la citó también torciéndola y manipulándola para sus propósitos malévolos, como ha sido su costumbre siempre desde que tentó a Eva allá en el huerto del Edén hasta nuestros días. Siempre es el padre de mentira y del engaño, y no quiere que los humanos crean en Jesucristo y sean salvos. Por eso siempre trató de hacer pecar a Jesús pero jamás lo logró, porque de haberlo logrado ningún ser humano podría ser salvo. Todos estaríamos destinados al infierno, porque todos los humanos somos pecadores desde que estamos en el vientre de nuestra madre. La excepción es Jesús que siempre fue sin pecado, y que además es verdadero Dios y verdadero hombre.

 

El diablo aprovecha la necesidad física, pues Jesús tiene hambre, y le dice que convierta la piedra en pan. Él trata de picar el orgullo, quiere que Jesús demuestre su divinidad, aunque el diablo sabe perfectamente que Jesús es verdadero Dios, pues los demonios así lo reconocieron (lea Lucas 4:34,41). Trata de que Jesús entre en su juego, pero Jesús no le obedece. Jesús usa la espada del Espíritu, la Palabra de Dios, y le dice: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”. La prioridad del hombre no es lo terrenal sino lo espiritual, Jesús mismo lo dijo, “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

 

Satanás siempre trata de engañar, y resulta absurdo su ofrecimiento de entregarle los reinos del mundo y el poder de ellos si Jesús lo adora postrado. ¿Qué le puede ofrecer al dueño y creador de todo lo que existe? Jesús podría haberlo callado porque todo honor, riqueza, poder, y gloria, pertenecen a él, pero sabemos que tomó nuestro lugar y padeció por nosotros, y así nos enseña a usar siempre correctamente la Palabra de Dios.

 

Jesús no cede, no cae; la honra y gloria pertenecen solo a Dios. Tampoco cae en demostrar al diablo que puede tirarse de las alturas, aunque pudo haberlo hecho; pero él no vino a satisfacer caprichos del diablo, ni de los incrédulos, ni de ningún ser humano. Jesús vino a cumplir la voluntad del Padre y a dar su vida por rescate de toda la humanidad. Sabemos que mucha gente le pedía señal, Herodes le pidió señal, el mismo diablo le pide que muestre su confianza en las promesas de la Escritura, pero Jesús no le obedece. ¡Qué maravilloso que Jesús no cayó en el lazo del diablo, sino que lo derrotó una y otra vez! El diablo lo dejó por un tiempo. Quiere decir que cada vez que tenía oportunidad allí estaba para fastidiar.

 

Podemos aprender mucho de este pasaje bíblico, especialmente que Jesús fue siempre perfecto. Él nunca pecó ni estando en los peores tormentos. Adán y Eva decidieron pecar al creer más en los argumentos del diablo que lo que Dios les había dicho. Como consecuencia, el pecado nos trajo la muerte física y espiritual. Pero gracias a Jesús, que fue perfecto y se entregó por nosotros a una vida de sufrimiento, al desprecio de su pueblo, a los insultos y burlas, y a una muerte cruel en la cruz, tenemos perdón de pecados y vida eterna feliz con él, porque Jesús jamás pecó.

 

Vemos también qué importante es conocer la palabra de Dios, usarla correctamente, y estudiarla. Lutero lo sabía y era su defensa contra los enemigos de la verdadera enseñanza. No se dejó convencer sino solo por la palabra de Dios.

 

Es triste ver en nuestros días el desprecio por el estudio de la Biblia y el desprecio por la predicación de la Palabra de Dios. Muchos que se dicen cristianos olvidan lo importante que es el asistir puntualmente a los cultos y a la escuela dominical y a los estudios bíblicos, y ni aun en sus casas la estudian. ¿Pensarán que saben más que Dios y por eso no la necesitan? ¿Qué pensará Jesús, que dice que escudriñemos la Escritura… y que busquemos primeramente el reino de Dios,… y que no solo de pan vive el humano, sino de toda palabra de Dios? La Palabra de Dios es alimento espiritual, es pan para el hambriento, es agua de vida para el sediento.

 

En nuestros días hay muchos agentes de Satanás, quienes son falsos maestros. Traen enseñanzas de demonios, tuercen la palabra de Dios y engañan a la gente. ¿Cómo los vamos a identificar si no estudiamos la Biblia? Recuerde que Satán anda como león rugiente buscando a quién devorar. San Pablo dice que tomemos toda la armadura de Dios y la espada del espíritu, la Biblia, para estar firmes contra las asechanzas del diablo (lea Efesios 6:10-18).

 

Ciertamente nosotros tenemos luchas contra las tentaciones. Nuestros enemigos han sido identificados como el diablo, el mundo, y la carne; y muchas veces caemos en el lazo, en la trampa de alguno de estos enemigos, pero vea lo que Jesús hizo por usted y por mí. El Creador y Redentor tomó nuestro lugar soportando y venciendo las tentaciones del diablo. Su Padre celestial ve su victoria en vez de las derrotas que nosotros hemos sufrido. La perfecta obediencia activa de Jesús cubre nuestra desobediencia. Somos justificados no solo porque Jesús murió por nosotros, sino porque también él obedeció perfectamente a su Padre en lugar de nosotros. Jesús vino a buscarnos y a dar su vida en rescate a favor de todo el mundo.

 

Él salió vencedor contra el diablo, y lo hizo todo por su gran amor, por su sublime gracia, para regalarnos el perdón de todo pecado. Ante este grande amor mostrado en su pasión y muerte en la cruz, ¿podremos los cristianos y todos los humanos seguir despreciando su palabra? Recuerde el pasaje que nos dice que María, hermana de Martha, escogió la mejor parte (Lucas 10:38-42), y esta es escuchar la palabra de Dios.

 

La Biblia nos enseña a confiar en Jesús, nos dice que él ganó el perdón para nosotros. El Espíritu Santo nos prepara, fortalece, y actúa, a través de su Palabra (Ley y Evangelio) y como creyentes (de acuerdo con nuestra nueva naturaleza y en oposición a nuestra naturaleza pecaminosa) la usaremos correctamente.

 

¡Gracias señor Jesús por soportar la tentación y vencer todo intento del diablo de echar a perder en plan para salvar a todos los humanos!

 

 


 

 

         LA PASIÓN DE PREDICAR AL CRISTO CRUCIFICADO

 

1 Corintios 1:23  pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;”

 

En nuestra cultura es común ver una imagen o estatua de un Cristo crucificado en frente de una iglesia o en un altar, y quizás, en la mayoría de los casos, no nos percatamos de cuál es su verdadero significado. Generalmente, es solo cuando pensamos conscientemente en su significado que recordamos su verdadero valor.

 

¿Qué posible valor puede tener el dejarse condenar y clavar en una cruz? esto es repugnante para algunos y una locura para otros. No hablo de aquellos Judíos de antaño ni de los gentiles de entonces, hablo de aquel familiar que no cree o de aquel vecino que no entiende, hablo de hoy, de nosotros, del mundo actual.

 

Dios se ha revelado en sus escrituras, pero también ha escondido su gloria en lo más bajo, lo más despreciable y también en lo más horrible. Se escondió en la fe de un paralitico, en los lirios del campo, en el vuelo de un gorrión, en un pesebre, y en una vida humilde de un carpintero, sin gran brillo hasta haber cumplido sus treinta años. Pero aún cuando reveló parte de su divina gloria para los fieles en sus palabras y milagros, se escondió aún más profundamente en el misterio de su crucifixión.

 

Esta es la crucifixión que predicamos con el más grande fervor. ¿Cuál es la belleza de un cuerpo mutilado más allá de cualquier razón? ¿Donde está la belleza de morir en tal forma?

 

Estas son las preguntas que debemos contestar para poder ver a aquel Dios que creó toda la belleza del mundo.

 

Yo siempre pensé de niño, en un Dios que castiga, y la cruz era prueba de esto. ¿Cuán correcto y errado estaba al mismo tiempo? Nuestro Dios no pudiendo hacer la vista gorda a nuestros pecados, pues así dejaría de ser Dios perfecto que no puede ver pecado sin castigar, vio en su magnífica gracia que solo proveyendo él aquel perfecto sacrificio para el perdón de todos los pecados, podría su creación totalmente corrompida volver a él. Así, siendo Dios, se hizo hombre para cumplir la ley perfectamente hasta el punto de la muerte, y así fue. Dios hecho hombre, se presento como corderito albo y perfecto, para ser digno de pagar el precio de redención requerido para la liberación del mundo.

 

Este es el mensaje que predicamos, que Dios tanto amó al mundo que envió a su único hijo, para quien crea en él nunca perezca pero tenga vida imperecedera. Que mensaje de esperanza y consuelo cuelga en esa cruz, toda esperanza vive en esa cruz, ese instrumento de muerte y tortura ha sido transformado en un instrumento de amor, esperanza y redención. Todo aquel que ve la cruz con los ojos de la fe, que ve todos sus pecados en el horror de la cruz, pone su esperanza en el Cristo que está en ella.

Pero este no es el fin, no podemos predicar a Cristo crucificado sin anunciar la razón de nuestra esperanza: el triunfo de Jesucristo sobre la muerte. Esta es la esperanza que se aferra a una tumba vacía, a unos paños mortuorios cuidadosamente puestos de lado, y a aquellas heridas en las que Santo Tomás pudo poner sus dedos. En la cruz quedó el pago de nuestro pecado. Pero en la resurrección Jesús venció. La muerte fue erradicada, y el poder del tentador y acusador ha sido finalmente anulado.

Hoy, por la gracia de Dios, nosotros que somos completamente incapaces de hacer algo para parecer buenos ante Dios, aparecemos en su corte con Cristo como nuestro representante, y el suscita el veredicto de inocente para nosotros. En su vida, sufrimiento, muerte y resurrección, tenemos la completa certeza de que nuestros pecados y transgresiones han sido perdonados y que Dios no los verá más. Esta es la certeza que tenemos de una vida celestial, donde junto a Jesús y todos los santos podremos alabar la gloria de Dios, y en unísono cantar: SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR DEL UNIVERSO.

 

Oración: Padre celestial, te pedimos en el nombre de Cristo Jesús, nos guíes a ver la grandeza del sacrificio de Jesús en la cruz. Que tu Espíritu Santo arda en nuestros corazones para llevar el mensaje de Cristo crucificado y resucitado a aquellos que no lo conocen, no lo ven, o les es locura, pues este es el mensaje que salva. Que Cristo murió en la cruz por nosotros para el perdón de nuestros pecados y para que en el tengamos vida eterna.

 

  

 

 
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